No cabe duda, el arribo de las nuevas tecnologías al periodismo obliga tanto al profesional de los medios como al estudiante a estar en permanente actualización con respecto al uso de las más recientes herramientas.
Actualmente, ya no basta con saber redactar una noticia o buscar información a través de los medios tradicionales. Hoy se exige al periodista poseer conocimientos sobre el manejo de medios digitales, paquetería de diseño, navegar por Internet, etcétera. Es decir, a las tradicionales habilidades que se le exigen a un profesional del periodismo, debemos agregar el conocimiento multimedia y el uso de herramientas que han llegado para facilitar nuestra labor.
Por ejemplo, Ulises Castellanos, editor de fotografía del reconocido semanario político mexicano Proceso, indica en su Manual de Fotoperiodismo, que el profesional de la lente debe agregar a la sensibilidad visual, cultura general y el interés por el seguimiento de los sucesos diarios, la habilidad para manejar el software y la nueva herramienta digital relacionada con el ámbito fotográfico.
Para este editor, quedaron atrás los tiempos de las cámaras análogas y el uso de las películas fotográficas en el oficio. En una conferencia dictada en el Club de Periodistas de México, con motivo del X aniversario de la Revista Cuartoscuro, advirtió que aquel chaval que desee ingresar al mundo profesional de la fotografía periodística debe llevar consigo los conocimientos indispensables en materia digital.
Esto no significa que el aprendiz de fotografía deba vender su cámara mecánica o automática con la que está experimentando, o que las grandes empresas como Kodak, Fuji o Ilford vayan a dejar de fabricar las clásicas películas gráficas. Simplemente, el material que antes se utilizaba en el nicho del fotoperiodismo pasará a formar parte de otro mercado, pues ya no cumple con el requisito fundamental del periodismo actual: la velocidad, la inmediatez.
Hoy, el periódico o la revista no pueden esperar el proceso de revelado y el posterior scanneo del negativo. No, hoy es preciso captar la foto, “subirla” inmediatamente a la red y editarla, en dado caso, por medio del photoshop.
Algo similar pasó con la sustitución de las máquinas de escribir por los ordenadores con procesador de texto integrado. Cuando éste último llegó a las salas de redacción, hubo que capacitar a los reporteros para que pudieran utilizar bien la nueva herramienta. Tiempo después, las escuelas de periodismo comenzaron a adaptar sus aulas con la nueva tecnología.
De tal modo, ya no había que esperar mucho para tener la información, revisar la nota y comenzar a diagramar. Sin lugar a dudas, el procesador de palabras vino a facilitar la labor del reportero, y la paquetería de diseño, como el Page Maker o el QuarkXPress, hicieron su parte.
Todas las herramientas digitales han revolucionado el oficio periodístico. Sí, no hay duda sobre ello, han facilitado el trabajo, pero… ¿La tecnología nos ha hecho mejores periodistas? ¿Es tan sólo una herramienta o se ha convertido en parte fundamental del oficio? ¿Actualmente el periodismo es más forma que fondo?
Desde luego, la profesión ha experimentado diversos cambios a lo largo de la historia, pero nunca tan drásticos, nunca tan vertiginosos que no dieran tiempo para reflexionar y adecuarse a ellos con mesura.
La llegada de la grabadora no sustituyó al bolígrafo y la libreta como compañeros indispensables del reportero; la sustitución de las máquinas de escribir por los ordenadores con procesador de texto, no implicó que el periodista aumentara su lenguaje y mejorara su forma de redactar, sino por el contrario. El arribo de las cámaras digitales no significa que aquel que las utilice va a ser el próximo ganador del World Press Photo.
No, claro que no. El periodista aún se debe preocupar por tener una formación integral. No basta con la tecnología, es preciso poseer cultura general, estar bien informado, saber redactar, consultar bases de datos, tener gusto por la lectura, etcétera.
Hoy estamos inmersos es una especie de espiral tecnológica; estamos rindiendo culto a la velocidad, a la información en tiempo real. Queremos ganar siempre las exclusivas y subirlas a la red, queremos estar siempre un paso delante de la competencia; claro, ésta sed por ser el primero no es nueva, pero la tecnología la ha magnificado. Y con ello, la ética, la veracidad de las fuentes y el obligado contraste de la información han quedado relegados.
Y lo peor es que muchas de las instituciones dedicadas a la enseñanza del periodismo, están en el mismo tenor: rindiendo culto al nuevo Dios de la velocidad, en detrimento de la formación integral.
En el pasado se sabía bien que pocas o quizá ninguna institución educativa, que contemplara en su programa de estudios la enseñanza del periodismo, podía estar a la par de los cambios tecnológicos que se estaban desarrollando en los medios de información. Hoy, la llegada de los medios digitales y la posibilidad de adquirirlos, legal o ilegalmente, y usarlos de un modo relativamente fácil, ha cambiado ese esquema.
El mundo académico ha cambiado sus planes de estudio, dándole mayor importancia al aprendizaje de las nuevas herramientas digitales y descuidando, desgraciadamente, la enseñanza tradicional. Hoy, los géneros periodísticos informativos y de opinión se estudian en dos semestres, la redacción a veces se contempla en un semestre, a veces no. No hay materias sobre el acceso a fuentes, periodismo de investigación o derecho a la información.
Sin dejar de reconocer que en la actualidad es indispensable tener ciertos conocimientos sobre tecnología digital para desarrollarte con soltura en la profesión, es preciso reconocer que hay una preponderancia de ésta por sobre la esencia periodística.
Ahora, ya no basta con especializarse en alguna fuente o dominar ciertos temas, es preciso saber utilizar las herramientas digitales para hacer llegar la información de forma rápida, en tiempo real; ya no queda tiempo para contrastar la información y verificar la fiabilidad de las fuentes. Hoy somos esclavos de la velocidad.
Esto debe cambiar, debemos hacer una pausa en el camino, una pausa obligada por las actuales circunstancias. La red nos permite tener un público más amplio como en ninguna otra ocasión en la historia, la gente ha tomado el papel de informante y se comunica sin la intervención del profesional de los medios, existe la posibilidad de tener texto, imagen fija, voz y video en un mismo sitio. La competencia ha aumentado, pues ya no sólo es la gente a título personal la que procesa y difunde información sino que también los portales de servicios han encontrado en ésta, una posibilidad más de acercarse y retener al navegante.
Ante todo este panorama, el periodista debe concentrarse en ser mejor en lo que solía hacer, antes de la llegada de la red. Es verdad que la competencia es dura, pero el periodismo tiene la historia y el prestigio de su lado. Es verdad que ahora las fuentes se han rebelado, pero no todas ellas tienen la capacidad de hacer inteligible su mensaje, de darle interés público, de otorgarle calidad, legibilidad.
No toda la información de la red es verídica, no toda tiene valor. Sólo una persona capaz de distinguir los árboles del bosque, pude otorgarle sentido, veracidad e importancia. En el Manual de Periodismo, Carlos Marín y Vicente Leñero señalan que el periodismo pervierte su función cuando tergiversa, cuando miente, cuando negocia y cuando escamotea información.
ARTICULO DE OPINIÓN SOBRE EL NUEVO PERFIL PROFESIONAL DEL PERIODISTA DIGITAL
Y hoy, quizás más que nunca, el periodismo padece un notable grado de perversión porque ha descuidado su esencia, porque rinde culto a la velocidad antes que a la veracidad. No se trata de informar por informar, sino de informar bien.
La formación del periodista debe ser integral. Debe tener una preparación ya sea humanística o en otras ramas del conocimiento; preparación literaria; debe saber cómo funcionan tanto el gobierno como la sociedad; debe manejar con rigor la “información”; entender conceptos; formular preguntas coherentes e interesantes. Como afirma Federico Campbell, debe saber más de método y de investigación que de técnica.
Otra parte que hemos descuidado los periodistas es la materia prima de nuestra profesión: la palabra. Bien advierte Alex Grijelmo en la introducción de su obra El estilo del periodista, cuando dice que “quienes asuman la intención de formarse como expertos en lenguaje y redacción, y también en los géneros periodísticos tendrán enormes facilidades para encontrar trabajo. El descuido de sus compañeros y de los estudiantes actuales se lo ha puesto muy sencillo”. (4)
Bienvenida la tecnología, sí, pero no debemos descuidar nuestros principales deberes. El perfil del periodista actual implica un caudal de conocimientos técnicos, pero esto no basta, con este conocimiento sólo tenemos transcriptores y diseñadores; eso no es lo mejor ni para la sociedad ni para el periodismo en sí. Un buen periodista investiga, procesa y difunde información de manera sensata, responsable, inteligible.
La llegada de la red y los recursos multimedia han modificado la forma de hacer periodismo, pero sólo la forma, el fondo ha prevalecido, debe prevalecer. Esta es sólo una nueva herramienta para desempeñar nuestra labor; fascinante sí, pero herramienta. Creo que aún es muy temprano como para pensar si Internet modificó por completo al periodismo. El perfil del periodista moderno si se ha modificado, de acuerdo, pero en esencia sólo se han aumentado materias técnicas para afrontar los nuevos retos. El periodismo sigue implicando tanto método como técnica, o como dirían Joaquín Sabina y Severo Ochoa: Física y Química.
Otra parte que hemos descuidado los periodistas es la materia prima de nuestra profesión: la palabra. Bien advierte Alex Grijelmo en la introducción de su obra El estilo del periodista, cuando dice que “quienes asuman la intención de formarse como expertos en lenguaje y redacción, y también en los géneros periodísticos tendrán enormes facilidades para encontrar trabajo. El descuido de sus compañeros y de los estudiantes actuales se lo ha puesto muy sencillo”. (4)
Bienvenida la tecnología, sí, pero no debemos descuidar nuestros principales deberes. El perfil del periodista actual implica un caudal de conocimientos técnicos, pero esto no basta, con este conocimiento sólo tenemos transcriptores y diseñadores; eso no es lo mejor ni para la sociedad ni para el periodismo en sí. Un buen periodista investiga, procesa y difunde información de manera sensata, responsable, inteligible.
La llegada de la red y los recursos multimedia han modificado la forma de hacer periodismo, pero sólo la forma, el fondo ha prevalecido, debe prevalecer. Esta es sólo una nueva herramienta para desempeñar nuestra labor; fascinante sí, pero herramienta. Creo que aún es muy temprano como para pensar si Internet modificó por completo al periodismo. El perfil del periodista moderno si se ha modificado, de acuerdo, pero en esencia sólo se han aumentado materias técnicas para afrontar los nuevos retos. El periodismo sigue implicando tanto método como técnica, o como dirían Joaquín Sabina y Severo Ochoa: Física y Química.
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